Anoche, mientras intentaba conciliar el sueño, le pedí a mi abuela que me llevara con ella, al parecer acogió mi pedido y lo hizo valer.
Hoy amanecí muerta, no puedo llorar, no puedo reír, estoy en una sintonía neutra, la comida sabe a tierra, hoy son ocho y treinta y cinco de la noche, lo único que comí fue un pequeño trozo de queque con sabor a tierra, un yoghurt con sabor a damasco con tierra y un jugo con el mismo sabor.
El agua sabe a hiel, no sé qué es la hiel, pero estoy segura de que a eso sabe, no siento impulsos de nada, sé que me siento muy apenada, pero no tengo lágrimas para llorar ni boca para sonreír, es una ironía, lo sé, pero así estoy, tirada en el sofá frente al televisor apagado al igual que yo.
Soy invisible, está Alexander en el computador y mi mamá un poco más allá, sin hablarme, de hecho, no me pueden escuchar tampoco, hoy saludé a Alexander y no me contestó, ya no existo, estoy totalmente muerta, y no creo que resucite, sólo falta coger el cuchillo cocinero para hacerme un hoyo lo suficientemente grande para salir de éste cuerpo que ya no tiene alma, pero sí espíritu, quiero salir de aquí, en realidad quiero nada, porque no siento, por tanto, no puedo querer algo.


